Ya me habían dicho que las jarochas son bien calentonas y que cogen bien rico, así que de visita en el puerto me chingué a una de mis primas putonas.

Nunca había conocido a mi familia del puerto, ya que desde morros mi papá se vino a vivir a Tijuana y pues la mera verdad nos queda muy lejos. Sin embargo, familia es familia y ahora que me conseguí una chamba en Veracruz, mi familia aceptó recibirme en su casa en lo que ahorraba mi lanita para irme a rentar a otro lugar. Cuando se enteraron mis cuates de que me iba, enseguida se pusieron a contarme sus experiencias sexuales con esas diosas morenas a las que les corre fuego en la sangre. Me excité escuchando sus relatos y cuando vi que una de mis primas estaba bien chula, me propuse conquistarla para poder empinarla.

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